En el imaginario colectivo de México, hay estados donde la línea entre el poder político y la sombra del crimen organizado parece desdibujarse: ¿será Nayarit uno de ellos? Esta pregunta, potente, inquietante y controversial, no se construye desde un prejuicio, sino desde hechos, percepciones sociales, tensiones reales y un escenario de seguridad que no deja a nadie indiferente.

Un estado donde la percepción y la realidad convergen y chocan

Nayarit es considerado por varios indicadores oficiales como una de las entidades con mejores cifras de percepción de seguridad en el país, con estudios que ubican la sensación de tranquilidad entre las más altas de México. A esto se suman reportes estatales sobre reuniones diarias de la Mesa Estatal de Construcción de Paz y Seguridad, que implican coordinación entre los niveles municipal, estatal y federal para prevenir delitos y fortalecer la justicia.

Sin embargo, incluso dentro de esta narrativa oficial de “seguridad fortalecida”, persisten zonas donde la violencia parece resistirse a desaparecer.

Huajicori y la presencia de grupos armados: el eco de una guerra silenciosa

En la sierra de Huajicori —al norte de Nayarit, fronteriza con Sinaloa y Durango— los enfrentamientos entre grupos del crimen organizado han obligado a decenas de familias a abandonar sus hogares y han provocado desplazamientos internos de población, cierres de escuelas y afectaciones en actividades productivas.

Las disputas entre células del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otras facciones rivales han dejado huellas que son imposibles de ignorar: minas antipersona encontradas en terrenos remotos, decomisos de armamento, e incluso la intervención de fuerzas federales para contener la violencia, son parte de la memoria reciente del estado.

Estos hechos ocurren pese a los esfuerzos de las corporaciones y de la propia administración estatal, que asegura reforzar los cuerpos policiales con nuevas unidades, equipamiento, salarios dignos y mayor profesionalización.

El papel del Gobernador: liderazgo, críticas y tensiones políticas

Miguel Ángel Navarro Quintero, gobernador de Nayarit, ha encabezado discursos en los que enfatiza la coordinación con fuerzas federales, el combate a la inseguridad y el desarrollo social. Su gobierno destaca la apertura de instalaciones de la Guardia Nacional en el estado y la inversión en tecnologías y estrategias de vigilancia para consolidar la paz.

Aunque estas acciones han sido presentadas como evidencia de un compromiso firme con la seguridad, también existen voces críticas. Por ejemplo, exfuncionarios han denunciado presuntas irregularidades en la gestión pública, enfrentándose incluso a procesos legales internacionales.

Eje central

Además, la percepción ciudadana en algunas regiones más afectadas por la violencia —y amplificada en medios y redes sociales— plantea preguntas incómodas: ¿las acciones de gobierno son suficientes? ¿existe una respuesta efectiva al poder real del crimen organizado en esos territorios?

La sombra del crimen organizado: ¿influencia política o realidad distorsionada? Al analizar la pregunta inicial —¿está Nayarit gobernado por el crimen organizado?— debemos entenderla en su dimensión más amplia: no hay evidencia pública concluyente que pruebe que el crimen organizado controle el gobierno estatal.

Sin embargo, la presencia de grupos armados, las disputas territoriales y los efectos sociales de la violencia sí generan una percepción persistente de inseguridad y vulnerabilidad en varias regiones. En algunos municipios, los enfrentamientos han trastocado la vida cotidiana de sus habitantes y han puesto a prueba la capacidad de las instituciones para garantizar seguridad y justicia.

La narrativa de un estado “gobernado” por el crimen organizado puede ser hiperbólica si se toma literalmente. No obstante, cuando se mira desde la vivencia local de comunidades afectadas, el cruce entre poder político y violencia criminal, y la forma en que la inseguridad influye en las decisiones públicas, la pregunta deja de ser retórica para convertirse en un llamado a la reflexión y al escrutinio ciudadano.

Crimen organizado y corrupción histórica: el peso del pasado

Nayarit no está exento de antecedentes de corrupción que han marcado la opinión pública. Investigaciones y operativos de años anteriores han expuesto redes de corrupción que, si bien no se equiparan directamente con el crimen organizado, han generado desconfianza y dudas sobre la independencia de las autoridades.

El País

Este contexto histórico no solo moldea la percepción de la ciudadanía, sino que también influye en cómo se interpreta cada acto y declaración del gobierno actual.